Hablemos más de datos en educación

Las escuelas producen información constantemente: registros de asistencias, boletines, evaluaciones, fichas, informes, etc. Esa información registra el paso de los alumnos por la escuela, dando pistas sobre sus trayectorias y vida escolar. Sin embargo, la dispersión de los datos y la tiranía del tiempo pocas veces deja lugar para analizarlos de forma integral y estratégica. Los datos pueden ser la clave para la gestión escolar efectiva, y en este artículo te contamos por qué.



¿Porqué es importante trabajar con datos?

Describir, conocer y comprender la situación escolar

Los datos hablan de la vida escolar de alumnos y docentes. Con ellos podemos conocer los niveles de aprendizaje, la presencia en clase y su participación, condiciones de la escuela y la oferta educativa. Reflexionando sobre los datos podemos identificar qué prácticas favorecen mejores resultados y cuáles se podrían mejorar.


Comunicar con claridad y generar consensos

En la comunidad escolar es común encontrar diferentes miradas y opiniones sobre un mismo tema. Al comunicar con datos concretos se ajusta el discurso a la realidad y así se construye una imagen precisa de lo que sucede. Gracias a eso, es posible ir más allá de las interpretaciones e intuiciones y basarse en la información real para encontrar posibles obstáculos y acciones para sobrellevarlos.


Priorizar objetivos y fijar metas concretas

Los equipos directivos se enfrentan a múltiples temáticas simultáneamente. Cuando cuentan con información sobre funcionamiento de la institución, tienen más herramientas para evaluar opciones, definir caminos y planificar estrategias. Además, pueden fijar metas concretas para orientar las acciones del equipo, tales como “alcanzar una asistencia superior al 75% en las asignaturas” o “lograr que el 90% no necesite clases de refuerzo de matemáticas a fin de ciclo”.


Evaluar en qué medida se cumplen los objetivos

Cuando las metas y objetivos de una intervención escolar son claras, es más fácil evaluar el avance de la misma. Los datos pueden iluminar la realidad de forma sintética y aportar al entendimiento de qué funciona y qué no, e identificar nuevos desafíos y oportunidades para continuar mejorando.


Transformar la información en conocimiento

Los datos son información que describen hechos y sucesos. Éstos, al ser analizados y puestos en contexto pueden transformarse en conocimiento valioso para la gestión escolar.


En este punto es importante remarcar que los datos y el conocimiento que puedan generar van a mostrar sólo una parte del funcionamiento de la institución o de las trayectorias de los estudiantes. Siempre es recomendable complementar el uso de los datos escolares con la mirada de los educadores que se vinculan cada día con ellos y conocen sus particularidades. Para ilustrar esto, les contamos la parábola de los ciegos y el elefante.


Los ciegos y el elefante

¿Qué pasaría si un grupo de personas no videntes conoce por primera vez un elefante? Cada persona podría conocer con el tacto una parte distinta de su cuerpo e interpretaría algo diferente sobre el animal que está conociendo. La parábola de los ciegos y el elefante, originaria de India, muestra que muchas veces es erróneo tomar conclusiones sobre la realidad al analizar sólo parte de ella.




Con los datos, muchas veces nos enfrentamos a una situación similar. El análisis podrá enseñarnos cosas muy valiosas sobre aspectos de la vida escolar, pero no debemos perder de vista que la enseñanza y el aprendizaje son procesos complejos que difícilmente se resuman en un dato.


Hacia una gestión escolar basada en evidencia

Los datos suman claridad y precisión a la tarea de los educadores. Permiten saber cómo está la escuela, identificar desafíos y oportunidades, planificar intervenciones y evaluar las acciones implementadas. Es por eso que la gestión basada en evidencia orienta a la escuela hacia la mejora continua.


Incorporar el análisis de datos a la cultura organizacional es un proceso que empieza por capitalizar la información que ya está al alcance de las manos. Se trata de generar hábitos y rutinas que pongan en práctica su uso para enriquecer las discusiones, definir metas claras y tomar decisiones contextualizadas respecto de las necesidades y características los estudiantes, las familias, los docentes y la escuela.





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